Aventura en Kichigar
Chansamito contra el brujo Lupérvolo (Partes I a VII)
I
Entre las estrellas más luminosas existe un mundo mágico y esplendoroso llamado Kichigar, lugar encantador donde la vida es buena y abundante. Ahí vive Chansamito, un niño con poderes mágicos, tan parecido a los niños de la Tierra que podría ser tú mismo.
Al amanecer en Kichigar, de los árboles frutales salen aves fantásticas de larga cola y plumas azules y amarillas. Mariposas y libélulas gigantes surcan por los aires, danzan alegres y los niños despiertan felices para ir a la escuela donde la abuela Ogaya, les cuenta aventuras de héroes, lo importante de la verdad y la justicia, algunos buenos juegos para utilizar bien su magia, y sobre todo les repite los cuidados que también los padres enseñan.
IIEn Kichigar, las iguanas miran desde lo alto de la loma el paisaje colorido de los árboles frutales de la huerta de la escuela, los venados corren hacia el agua purísima de la poza cercana, y todos saben que nadie debe acercarse a las grutas donde vive Lupérvolo.
III
Lupérvolo, el brujo de la noche, de la oscuridad, de los secretos; el brujo que golpeaba el corazón y el cuerpo de los niños con una vara de hueso, y les hacía heridas que no siempre podían verse en la piel, pero que les producían dolores para toda la vida. Lupérvolo vivió en Kichigar, pero fue tan perverso con los niños, que hace miles de años, los Terkrix, seres valientes y sabios que protegen a los inocentes y de buen corazón, lo castigaron con un hechizo que le impedía entrar a la huerta, el lugar más seguro donde los niños juegan y comen deliciosas frutas.
IVDesde las grutas, por el tubo de cristal negro, Lupérvolo vigila que algún niño se aleje del lugar más seguro. En la huerta, Chansamito y otros niños y niñas juegan a mecerse en los columpios y a subirse a los árboles. Chansamito, subió y subió y subió hasta la rama más delgada. Le habían dicho que era peligroso, que podía romperse, pero el quería acercarse a las nubes y desde ahí hacer un pase mágico y bajar volando cargado con deliciosos manjares. De pronto, la rama se rompió y el cae y cae y cae, y… cae sobre flores y hongos, pero fuera de la huerta.
V
Los niños escuchan la voz de la abuela Ogaya y regresan a la escuela. Chansamito también la oye e intenta saltar la barda para entrar a la huerta, pero no lo consigue, empuja los maderos, pero no es suficiente, saca su varita mágica y dice suin-kin-va, pero nada sucede.
Chansamito piensa y dice muy bajito, si hubiera hecho caso, si no hubiera subido tan alto, si recordara las palabras mágicas para saltar, para levantar los maderos, nada de esto estaría sucediendo. Chansamito piensa, camina, corre, busca una entrada, no la encuentra y piensa, hace un pase mágico y hace otro cuando aparece Lupérvolo.
VI
Quien con voz dulce y tierna, le pregunta ¿qué te pasa niñito? Chansamito le dice: subí muy alto porque quería acercarme a las nubes, la rama se rompió, caí fuera del lugar más seguro, no encuentro la entrada, no recuerdo ningún pase mágico y quiero ir con la abuela Ogaya. ¡Oh!, exclamó Lupérvolo. Y como un gentil y buen caballero, casi como un Terkrix dijo: no te preocupes niñito, dime cómo te llamas y te llevaré con la abuela Ogaya. ¿Usted puede hacerlo? Preguntó Chansamito. Por supuesto, conozco un camino que va directo a la entrada de la escuela. Está enfrente de mi hogar. ¡Bravo!, ¡estupendo!, dice la enorme sonrisa que brilla en los ojos y labios de Chansamito. Eso está muy bien, repite, sobre todo porque ya tengo mucha sed, dice y escucha que Lupérvolo susurra: sígueme, pronto estaremos donde tú quieres.
VII
Lupérvolo realiza un hechizo y la entrada a las grutas le parece a Chansamito un lugar extraordinario, un parque donde hay toda clase de juegos de computadora, golosinas y helados y refrescos. ¡Qué máquinas fabulosas! y ¡qué sed!, exclama. Anda y toma todo lo que quieras le anima Lupérvolo. ¡Sí!, quiero jugar y quiero el vaso de refresco gigante, grita y entra corriendo.
Pero una vez que entra, el hechizo se rompe y Lupérvolo con su vara de hueso, lastima una y otra vez al niño. Chansamito lucha, pero el repugnante ser es grande y fuerte, lucha de nuevo hasta que ya no tiene aliento y sus ojos se cierran Chansamito siente todo el cuerpo adolorido, cree que ha tenido un mal sueño, pero no, por desgracia él estaba lastimado y tenía muchos deseos de bañarse.
El se bañó una y otra vez, pero seguía sintiéndose sucio. Y no sólo se sentía sucio, sino muy triste y mortificado, con mucha vergüenza y culpa, pues no había hecho caso de los advertencias de la abuela Ogaya, ni de los consejos de cuidado que sus padres le habían enseñado, lo que había permitido que alguien lo lastime.
LEE PARTES VIII A XII En la columna derecha
(Partes XIII y XIV)
Continúa leyendo Aventura en Kichigar, Chansamito contra el brujo Lupérvolo) Fábula escrita por Melba Alfaro
XIII
Chansamito se alejó rápido y abrió la puerta de su casa y antes de cerrarla nuevamente, le grito a Lupérvolo: No me asusta, yo hablaré con mis padres porque usted es malvado y miente. Porque mis padres me aman y harán que lo castiguen.
XIV
Los padres de Chansamito tenían su día de descanso y estaban en casa. Al ver a Chansamito le preguntaron: ¿por qué no estás en la escuela?
El niño les contó todo lo que había pasado y también que Lupérvolo se disfraza de buena gente pero que es malvado y lastima a los niños.
Los padres de Chansamito no pierden tiempo, la mamá marca rápidamente el número mágico de la policía.
(Partes VIII a XII)
VIII
Él iba rumbo a la escuela cuando se le apareció Lupérvolo disfrazado de un buen hombre. La gente pasaba junto a ellos, pero nadie podía ver al verdadero Lupérvolo.
Con una espada de fuego apuntó al niño y le dijo: recuerda que a nadie debes decir lo que pasó. Con mi tubo de cristal negro te vigilo, yo puedo saber todo lo que haces y dices. Y si hablas, con esta espada de fuego puedo hacerle mucho daño a la abuela Ogaya, a tus papás y a tus amigos.
IX
Chansamito estaba muy asustado. Desde entonces aunque apeteciera no podía comer, aunque deseara no podía reír, aunque quisiera no podía concentrarse en el estudio, aunque se restregara fuerte muchos jabones no podía sentirse limpio.
XA media mañana, la abuela Ogaya les enseñaba un juego donde las varitas mágicas deletreaban por el aire palabras como amor, confianza, justicia y valor. Pero la varita mágica de Chansamito sólo podía escribir miedo y desconfianza, y en lugar de volar se metía bajo tierra, y si la tocaban temblaba como pájaro de luz atrapado y herido.
XI
La abuela Ogaya supo entonces que algo no andaba bien con Chansamito, ¿acaso tenía un secreto?, ¿acaso le sucedió algo que no podía decir? Le preguntó y no quiso decirle nada, le volvió a preguntar y el niño inventó cualquier respuesta. Entonces la abuela Ogaya se acercó a su corazón y le dijo: recuerda Chansamito que no existe nada que no puedas decirle a tus padres porque ellos te aman.
XII
Chansamito agarró su mochila y salió de prisa rumbo a su casa para hablar con sus padres, pero justo a la entrada se le apareció Lupérvolo y le dijo: Recuerda que eres pequeño y que nadie te va a creer si hablas, y si dices algo, por mínimo que sea, yo acabaré con tu familia.
ESTE ES EL FINAL, LÉE
XV
¡Vamos a atraparlo dijo el policía! De inmediato muchos policías en sus transportes lo buscaron, lo persiguieron y lo arrestaron.
Desde el instante que Chansamito hablara con sus padres, su miedo y preocupaciones desaparecieron junto con el sentimiento de estar sucio.
Durante el juicio en el tribunal, se halló que Lupérvolo había lastimado a otros niños y, esta vez, la policía lo encerró en una fortaleza de donde nunca jamás podrá salir.
Desde entonces, en Kichigar, todos viven felices y será para siempre.
LEE EL FINAL DE LA FÁBULA (Columna derecha)
Sobre la fábula
· La fábula se utiliza en los talleres para niños del proyecto Mujeres con voz.
· La fábula fue escrita para el proyecto Primer acercamiento para la detección y evaluación de abuso sexual en menores que se encuentran en situaciones de riesgo, desde una mirada multidisciplinaria., presentado al DIF, dictaminado favorablemente para su realización (México), avalado por la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Yucatán.· La estructura de la psicología criminal y victimaria de la fábula se basa en el texto realizado por el forense Andrea D’Amore para el Laboratorio de psicología aplicada a la criminalística de la Tercera División del Servicio de la Policía Científica (UACV) de la División Central Anticrimen del Estado Romano. El jefe de la policía italiana Gianni de Gennaro dio a nuestro equipo, por conducto de la Dra. Simonetta Mira, el apoyo para crear, de acuerdo con las circunstancias y la realidad mexicanas, la que sirviera a nuestros objetivos
· El texto fue analizado y aprobado por la Dra en psicología clínica Simonetta Mira (Roma), Psicóloga clínica Erika Said (Méx.), Dra. en sociología Beatriz Castilla (Méx.), Antropólogo Mauricio Dzul (Méx.) y la CODHEY.

